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Editorial
Domingo 29 de marzo de 2026 - 01:00 AM

Santander se queda sin agua limpia

Publicado por: Editorial

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La información recién conocida sobre el estado de las fuentes hídricas en Santander debería considerarse como una advertencia que exige una respuesta inmediata y contundente. Que el 60 % de nuestros ríos y quebradas se encuentre en “estado regular” es un diagnóstico que debe llamar a la acción, porque detrás de esa categoría técnica se esconde un proceso silencioso y avanzado de deterioro ambiental. Está en juego nada menos que la salud de cerca de dos millones y medio de santandereanos, cuya vida cotidiana depende de que el agua siga fluyendo con la calidad y en la cantidad que demanda la dignidad humana.

Los estudios demuestran que, mientras las zonas altas, resguardadas por páramos y ecosistemas estratégicos, mantienen condiciones aceptables, el agua se va envenenando a medida que desciende y se estrella con la intervención depredadora del hombre. Los tramos medios y bajos de cuencas como las del Sogamoso, el Lebrija, el Fonce y el Suárez se convierten en sumideros donde se acumulan vertimientos urbanos sin tratamiento, residuos agropecuarios y las huellas de una expansión territorial que ha sacrificado las rondas hídricas y la cobertura vegetal protectora.

La situación se acerca a un punto crítico, pues el incremento de la materia orgánica, los niveles alarmantes de contaminación en puntos específicos como la quebrada El Carrasco y la presión combinada de actividades extractivas, urbanas y agropecuarias nos hablan de un ecosistema que ya no da más.

La sociedad civil no puede seguir cruzada de brazos mientras el agua que recorre nuestros municipios se degrada en su tránsito por zonas urbanas sin control, y las entidades ambientales tienen la obligación inaplazable de pasar de los diagnósticos a las acciones coercitivas y restaurativas con toda la fuerza que la ley les concede.

Es necesario romper la inercia institucional y ciudadana que ha propiciado este deterioro progresivo. La reacción debe ser coordinada, enérgica e inmediata, porque el cambio climático ha aumentado la fragilidad de un sistema ya de por sí fatigado por la sequía, los incendios y la alteración de los ciclos de lluvia.

Proteger, recuperar y mantener en óptimo estado cada quebrada, cada río y cada humedal es condición necesaria para sostener la productividad agrícola, la generación energética, la estabilidad de los sistemas productivos y, en el plano más esencial, la salud y la vida de todos los habitantes del departamento.

La riqueza hídrica de Santander, con su compleja red de ríos, microcuencas y ecosistemas estratégicos, sigue siendo uno de sus pilares fundamentales, pero su permanencia ya no está garantizada por la sola abundancia natural. Cada día que pasa sin una intervención decidida, cada informe que se acumula sin que le siga una acción contundente, profundiza la crisis en este patrimonio colectivo.

La sociedad civil debe alzar la voz y movilizarse con la misma urgencia con que se enfrenta una amenaza inminente, y las autoridades ambientales deben desplegar toda su capacidad para frenar la contaminación, restaurar lo degradado y garantizar que el agua, por muchos años más, siga siendo la fuente primordial de vida y desarrollo en Santander.

Publicado por: Editorial

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