Publicado por: Editorial
La reciente iniciativa de la bancada del Gran Santander, que reúne a gobernadores y congresistas de Santander y Norte de Santander, para articular una estrategia conjunta ante el nuevo gobierno nacional, es, nada más y nada menos, que un intento por subsanar una deuda histórica que el centralismo ha acumulado con esta región oriental, por lo que la convocatoria a estas reuniones responde a una necesidad imperiosa de organizarse y consolidar una voz regional que durante décadas se ha extraviado en los pasillos del poder, entre intereses particulares y mezquindades partidistas.
En realidad, esta no es la primera vez que se ensaya este mecanismo. En el pasado, los intentos por conformar una bancada regional sólida han naufragado entre la desconfianza, el personalismo y la falta de una hoja de ruta clara que trascienda los periodos electorales. Los resultados de esos esfuerzos anteriores fueron, en el mejor de los casos, modestos, y la experiencia nos muestra que la simple suma de voluntades individuales no constituye una fuerza política efectiva si no está acompañada de un programa concreto.
Pero la coyuntura actual es radicalmente diferente a todas las anteriores, pues el respaldo voluminoso que el presidente electo Abelardo De La Espriella obtuvo en Santander y Norte de Santander constituye un mandato popular claro y un capital político inmenso que el nuevo mandatario debe saber leer y, sobre todo, honrar, pues esa alta votación representa un compromiso tácito que exige una correspondencia en inversión, atención y desarrollo para los más de cuatro millones de habitantes del oriente.
Esto significa que los líderes del Gran Santander están en una posición de fuerza inusual, pero también que tienen la responsabilidad mayúscula de presentar ante el próximo Gobierno a los santanderes en un bloque cohesionado, con objetivos claros y una disposición sincera a colaborar en la gobernanza del país, con lo que las posibilidades de éxito se multiplican significativamente. Al contrario, si lo que se observa es un espectáculo de desunión y disputas internas, la administración central tendrá pocos incentivos para priorizar los proyectos de esta zona, y la oportunidad histórica se perderá, como ha ocurrido en el pasado.
El gran objetivo de esta bancada debe ser la presentación de una hoja de ruta regional robusta para ser incluida dentro del Plan Nacional de Desarrollo, que incluya el Pacto del Agua, por ejemplo, un proyecto técnico que garantice el recurso hídrico para el consumo humano y la agricultura. De igual manera, la conectividad multimodal debe ser una realidad en el menor tiempo posible, para sacar la producción desde el interior del país.
La navegabilidad del río Magdalena se presenta como uno de los proyectos más ambiciosos y necesarios, pues representa la espina dorsal de la integración nacional y una ruta de bajo costo para el comercio; y si a esto se suma el fomento de la industria local a través de la Marca Región, se estaría configurando un ecosistema de desarrollo que beneficiaría directamente a los sectores productivos y a la generación de empleo.










