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Viernes 24 de julio de 2026 - 01:00 AM

Edipo presidente

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Freud, padre del psicoanálisis, sostenía que entre los tres y los seis años el niño desarrolla una rivalidad inconsciente con su padre por la atención y el amor de su madre. Lo llamó complejo de Edipo, inspirado en la tragedia de Sófocles, donde el Oráculo de Delfos le advierte a Layo, rey de Tebas, que su hijo lo asesinará y se casará con su esposa.

Para evitar la tragedia, Layo ordena abandonar al recién nacido en una montaña. Es rescatado por un pastor y entregado a los reyes de Corinto, quienes lo crían como a un hijo. Este niño es Edipo, quien visita al Oráculo, y la profecía se mantiene: “Asesinarás a tu padre y te casarás con tu madre”.

Intentando huir de su inevitable destino, abandona a quienes creía eran sus padres en Corinto. De camino encuentra a un anciano arrogante con sus escoltas; la discusión termina en pelea y Edipo asesina al hombre, sin saber que era Layo, su verdadero padre. Luego libera Tebas, se hace rey y se casa con Yocasta, reina y viuda de Layo, es decir, su verdadera madre.

Al final, Yocasta se suicida y Edipo se saca los ojos. Esta tragedia griega, como casi todo lo que proviene del origen del pensamiento, es insuperable. Sirvió a Freud para fundamentar sus ideas sobre la sexualidad y el ego, pero también podría ser explicativa para la política.

Decía el ingeniero Rodolfo Hernández: “Todo monaguillo quiere ser Papa” y, por ende, debe superar a su mentor. No existe mandatario que, con la corona puesta, no se sienta tentado a matar a su padre: crear su propio movimiento inspirado en sí mismo. Hasta Duque lo intentó de forma tenue. Se escuchaba el eco del duquismo al interior del Gobierno, contra el que se rebeló la entonces senadora María Fernanda Cabal, más leal a la tradición del Centro Democrático.

Hoy la derecha está en disputa. El rey Uribe, quien ha sido su líder casi que natural desde hace décadas, está a punto de ser destronado por el Tigre, a pesar de que este perdió su primera batalla en el Congreso, a manos de las abejitas que se juntaron con el Pacto para procurar la primera derrota del próximo presidente. Sin embargo, en juego largo hay desquite. El poder de un país totalmente centralizado en la figura presidencial y la pronta expedición de personería jurídica al movimiento Defensores de la Patria van a hacer tambalear el trono del viejito del Ubérrimo.

Del oráculo nadie escapa. Para que nazca algo nuevo, lo viejo debe perecer; esa es la irrefutable ley de la dialéctica. Más temprano que tarde terminará de nacer la nueva derecha. Como diría Edipo: “Amanecerá y veremos”.

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