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Jueves 30 de julio de 2026 - 01:00 AM

Acceso controlado a redes sociales

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Varios países, como Australia, Indonesia y ahora Francia, prohíben el acceso a las redes sociales para menores de edad. Francia es pionera en la Unión Europea, esperando su colaboración para que las restricciones establecidas tengan un marco europeo. Estas restricciones no son improvisadas ni son capricho del legislador; tampoco pretenden aislar a niños/as y adolescentes o limitar el libre desarrollo de su personalidad y vida social. Al contrario, se trata de una normatividad para proteger la intimidad de los y las jóvenes, preservar su buen desarrollo emocional y protegerlos del ciberacoso y demás violencias virtuales.

Por otra parte, estudios sociales y neurocientíficos advierten desde hace decenios de potenciales efectos nocivos de la exposición temprana a pantallas y de su uso y abuso con dependencia de las redes sociales.

Se trata de proteger la salud mental y física de la juventud y de prevenir riesgos para lograr mantener su desarrollo cognitivo y social. Más que prohibir, la invitación es a controlar, acompañar, supervisar y limitar. Como también se recomienda diversificar las actividades de niños/as y jóvenes: si se tiene posibilidad de conversar o jugar entre pares o con adultos, de bailar y cantar, de hacer deporte, explorar y opinar, tener amistades presenciales, no es problema que el adolescente pase un tiempo con sus “amigos” virtuales.

El peligro es cuando un joven pasa más tiempo con sus amistades irreales y “consumiendo datos” que teniendo interacciones presenciales con reales. Esto sí puede perjudicar su salud física, con un sedentarismo que genera obesidad, atrofia muscular y más patología en años venideros; también puede afectar su desarrollo socioemocional y salud mental, con empobrecimiento de sus interacciones sociales, pérdida de interés concretos y atascamiento mental. Numerosos estudios de neurología señalan una afectación de las capacidades cognitivas y empobrecimiento del vocabulario utilizado y su comprensión. Se advierte que un hiperconsumo de “datos” con reiterada exposición a informaciones cortas, repetidas con pobreza argumental, empobrece la disponibilidad semántica y léxica de personas en formación.

Acerca de las redes sociales se menciona frecuentemente la “idiotización de la población”, que sería menos propositiva y más dependiente del consumo de datos y de los aportes de las IA; incapaz de orientarse sin GPS, de usar palabras enteras y completar frases; sin capacidad argumentativa ni sentido crítico; con atrofia de cierto tipo de memoria y de capacidad numérica. Una generación impaciente, distraída, con baja tolerancia a la frustración y al esfuerzo, y con pensamiento uniformizado.

Sin embargo, esta generación que depende menos de la acumulación de conocimientos puede desarrollar otras capacidades cognitivas, para formular preguntas pertinentes y obtener información útil; habilidades sociales para recuperar empatía, humor y capacidad crítica, formular dudas y tener pensamiento propio. Reservar tiempo para aburrirse y volver a imaginar dejando vagabundear la mente.

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