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Sábado 06 de junio de 2026 - 01:00 AM

El debate que sí importa

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En medio de la campaña presidencial, dos visiones sobre la educación evidencian el contraste que atraviesa hoy el país. Mientras la candidata vicepresidencial Aida Quilcué afirmó en un evento que algunas personas formadas en las mejores universidades de Colombia “lo único que aprendieron fue a robarse la plata del pueblo”, el también aspirante Juan Manuel Restrepo ha defendido la necesidad de fortalecer la formación de talento en áreas como inteligencia artificial, robótica, economías digitales y computación cuántica, y ha insistido en la adaptación de las instituciones educativas a las dinámicas del desarrollo tecnológico y del mercado laboral.

Más allá de estas posturas, el contraste plantea una pregunta de fondo: ¿qué tipo de educación requiere Colombia para competir, crecer y generar oportunidades en las próximas décadas?

La relevancia de esta pregunta se hace más evidente en un contexto de transformación acelerada de la educación superior. En distintas partes del mundo, las universidades enfrentan una disminución en el número de estudiantes, explicada por factores demográficos, el crecimiento de la educación virtual y la preferencia por programas más cortos, centrados en competencias específicas. A ello se suma el avance de la inteligencia artificial, que está modificando la forma en que se aprende, se produce conocimiento y se desarrollan habilidades, redefiniendo la relación entre educación, trabajo y formación profesional.

En este escenario, la discusión no se limita al acceso, sino que se centra en la pertinencia de la formación: su capacidad para responder a las dinámicas económicas y tecnológicas y para traducirse en mejores oportunidades de desarrollo.

En Colombia, este debate se articula con los mecanismos de financiamiento educativo. Durante el último cuatrienio se redujo el respaldo al ICETEX, una herramienta que ha facilitado el acceso a la educación superior a miles de jóvenes de familias de menores ingresos. Más allá de las discusiones sobre su funcionamiento, el desafío sigue siendo ampliar las oportunidades sin que las condiciones económicas de origen determinen el acceso a la educación.

Por eso resulta relevante que la campaña de Abelardo de La Espriella haya puesto la educación en el centro de la discusión pública. Las propuestas orientadas a fortalecer el acceso, ampliar los apoyos a los estudiantes y promover la excelencia académica cobran especial importancia en un contexto de transformación tecnológica acelerada por la inteligencia artificial. En este escenario, la educación será determinante para el desarrollo y la competitividad del país en el mediano y largo plazo.

La pregunta de fondo es si el país está discutiendo cómo preparar su sistema educativo para los desafíos del futuro o si continúa atrapado en debates que ya no corresponden a su realidad.

Adenda: Resulta paradójico que, mientras el país debería estar concentrando su debate en asuntos de mayor profundidad, como la educación, el empleo, la salud, la productividad y la innovación, buena parte de la conversación pública termine enfocada en la polémica por el uso de la camiseta de la Selección Colombia, originada en una tutela sin fundamentos sólidos.

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