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Editorial
Domingo 12 de abril de 2026 - 01:00 AM

En territorio hostil

Publicado por: Editorial

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La reciente Encuesta de Percepción Ciudadana, liderada por el programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, es lapidaria: cuatro de cada diez habitantes del área metropolitana sufren trayectos más largos que antes y en Piedecuesta la cifra supera la mitad. El paisaje se oscurece aún más cuando entendemos que el concepto de movilidad incluye también a quienes recorren la ciudad a pie; es ahí donde nos acercamos a una conclusión tan indeseable como inocultable: Bucaramanga es un territorio hostil para sus propios ciudadanos.

Los andenes, por ejemplo, están perdidos en las zonas de alta confluencia. El comercio formal e informal los ha avasallado: donde no hay una carpa, un escaparate, un maniquí o un vendedor ambulante, el cemento está roto, hundido o simplemente ha desaparecido. Y cuando no es el comercio, son los propietarios de edificios y residencias quienes disponen del espacio público como si fuera un anexo de su propiedad privada, lo cual, además de abusivo, es ilegal. En pocas palabras, nadie respeta al peatón.

Muchos parques están deteriorados, sin iluminación y con maleza que los convierte en espacios inseguros e intransitables. ¿De qué sirve un parque si no se puede cruzar de noche o si los senderos están rotos? La ciudad ha dado la espalda a sus zonas verdes; así, el concepto de movilidad se diluye entre senderos inexistentes, puentes peatonales que son trampas mortales y vías sin aceras que condenan a los transeúntes a un recorrido indigno.

Todo este abandono no solo conspira contra el desplazamiento diario; el medio ambiente también sufre las consecuencias. Menos espacio para caminar significa más vehículos para distancias cortas: más emisiones tóxicas, más ruido y temperaturas más altas. La crisis de movilidad se retroalimenta con la degradación ambiental, un círculo vicioso que las autoridades han mirado con indiferencia mientras el sistema de transporte público apenas funciona al 1,1 % de su capacidad proyectada.

En medio de esto, lo que queda cada vez más rezagado es la dignidad de las personas. Cuando un ciudadano no puede caminar tranquilo por un andén, cuando una madre con un coche debe bajar al asfalto para avanzar o cuando un adulto mayor transita por superficies semidestruidas, se les está negando el derecho a habitar su propia ciudad.

La movilidad es respeto, es ciudadanía, es humanidad. Y Bucaramanga, en este momento, es profundamente inhumana con quienes la recorren a pie. Los datos de insatisfacción con los andenes (33,6 %) y con las ciclorrutas (52,4 %) son una demostración fehaciente de esta realidad.

La recomendación final es ineludible: las autoridades municipales deben entender que la movilidad no se reduce a recuperar un sistema de transporte público fracasado o a aliviar el tráfico de automóviles. Esa es una mirada miope. Una verdadera política de movilidad es integral; implica devolverle los andenes al peatón, rescatar los parques, construir senderos dignos en la periferia y poner freno a los abusos del espacio público.

Es necesario entender que una ciudad se mide por cómo camina su gente, no por cómo corren sus carros. La verdadera calidad de vida y la dignidad van de la mano; ambas dependen de que, de la puerta de cada casa hacia afuera, exista un espacio respetable, seguro y amable.

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Publicado por: Editorial

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