El camino a la innovación no es fácil, pero puede iniciarse con pasos simples. En un país como Colombia, en donde persiste una brecha entre la demanda de capacidades analíticas complejas y la oferta de personal capacitado, cualquier esfuerzo es loable, pero esta semana me acerqué a una intervención del sector privado en alianza con instituciones de educación superior que me parece un ejemplo a seguir.
Un grupo de cien jóvenes residentes en 17 departamentos completó la más reciente cohorte del Samsung Innovation Campus, un programa diseñado para impartir contenidos avanzados en procesamiento de datos y algoritmos de predicción. La iniciativa, originada en Corea del Sur y adaptada al entorno colombiano -en esta edición, junto a la Universidad del Rosario- logra una perspectiva integral a un problema complejo.
Son 260 horas de clase, divididas entre 200 horas de instrucción directa en algoritmos de aprendizaje profundo y 60 horas destinadas al desarrollo de competencias operativas en entornos corporativos y suficiencia en idioma inglés. Luego, los estudiantes aplican lo aprendido a la resolución de problemas empresariales reales.
Escuchar a uno de los estudiantes destacados -un joven programador proveniente de Cúcuta- resaltar el enfoque práctico de su formación me hace pensar que el Innovation Campus va por la senda correcta. Los estudiantes participaron en jornadas intensivas de programación orientadas al análisis de datos transaccionales y resolvieron requerimientos operativos planteados por firmas vinculadas a la red de empleabilidad de la universidad. Estos ejercicios abordaron problemáticas específicas en logística, analítica financiera, optimización de compras públicas y tecnología enfocada en el sector salud.
Y no puedo dejar de notar el esfuerzo de la iniciativa por promover el alcance regional de la cohorte, que de paso evidencia la descentralización del talento digital en Colombia. La representación territorial abarcó zonas alejadas de los principales núcleos industriales, reuniendo participantes de departamentos como Nariño, Tolima, Atlántico, Santander y Valle del Cauca. Adicionalmente, el grupo integró a 18 personas registradas como víctimas del conflicto armado, tres integrantes de comunidades indígenas, dos personas de comunidades afrocolombianas y dos personas con diversidad funcional.
La superación del déficit de talento en el sector tecnológico colombiano requiere un esfuerzo sostenido y una constante evolución de los programas. La experiencia acumulada por este tipo de alianzas demuestra que la combinación de instrucción en programación, exposición a bases de datos reales y el aprendizaje de herramientas de comunicación operativa incrementa la empleabilidad de la población joven. Si Colombia encuentra el camino hacia la infraestructura digital competitiva a nivel global que necesita, será a través de esfuerzos que repliquen la integración de programas prácticos con las necesidades reales de las compañías. Esfuerzos como este.












