Por el desayuno del viernes durante la consagración espiritual del nuevo presidente a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y a la Santísima Virgen, podemos ir viendo (e hirviendo) lo que será el almuerzo.
En el orden del día, alterado por este nuevo gobierno de la extrema coherencia, se incluyó sorpresivamente un punto de “invocación y alabanza”, un acto presidido por un obispo (casualmente el mismo que ha sido acusado de abuso sexual de menores, presuntamente, por supuesto; pero eso es harina de otro costal) y secundado por un rabino que lanzó vivas a Israel, esa nación lejana y cercana que en este momento protagoniza un genocidio. Pero estos son detalles menores, claro.
Lo llamativo del asunto es que el nuevo presidente de los colombianos habló con claridad sobre detalles cruciales, como que “no permitirá que los colombianos se salgan de las tradiciones de este país”, quizá refiriéndose a las tradiciones religiosas, porque hay un montón de tradiciones que posiblemente tendrá que revisar, como, entre otras, esos hábitos carcelarios de la changua, el ajiaco y el arroz con huevo, que desdibujan el aire elegante y ceremonial de nuestro líder presidencial. Pero es posible que, además de construir megacárceles a toda máquina, abra academias de salsa para el vice y sus buitretes; de protocolo castrense, que enseñen a no bailar en las paradas; y de respeto, para que enseñen a no aplaudir el Himno nacional.
Lo bueno que puede vislumbrarse es que, por decreto, quedará abolida la corrupción (una tradición nacional que será eliminada) y, fijo, para defender la familia y todo eso, el hombre expedirá un decreto obligando a las parejas a tener cuatro hijos, hasta que la muerte los separe, y que ojalá no les salga una caspita que coja de juguete lo que sea, hasta el bastón de mando.
Habrá reforma tributaria para que los ricos no paguen impuestos, porque de ellos es el reino de los cielos, porque solo ellos generan riqueza y solo ellos son los que dan trabajo y ayudan a los pobres.
Habrá una “batalla cultural” (y educativa, supongo) para alinearnos, porque, como dijo el supremo, «no permitiré a quien atente contra la familia, contra dios y contra la tradición»; y se reivindicarán los exclusivos términos usados en escenarios cotidianos, como los parqueaderos, por ejemplo, porque, como dijo don Abelardo papá, será «un reto para que este país enderezca su rumbo» (del excelso verbo “enderezcar”); quien afirmó también que «los funcionarios de este gobierno puedan meter las manos, pero las patas jamás». Como quien dice, que roben todo lo que quieran, pero que no se dejen pillar… o algo así.
En fin, para ser coherente con el titular, como que se vienen tiempos interesantes.












