En un país con 34 partidos políticos y cerca de 40 solicitudes en estudio por parte del Consejo Nacional Electoral, resulta casi un chiste tanta alharaca ante la noticia de transformar a “Defensores de la Patria”, la impronta de campaña del hoy presidente electo, Abelardo de la Espriella, en partido político.
El Derecho Anglosajón, conocido académicamente como el Common Law, llevado a nuestra realidad, es el juez natural de esta nueva conversación. Los que insisten en perder el tiempo deberán acudir a ese tecnicismo. Me refiero al derecho consuetudinario o consuetudo, que basa su existencia en una sencilla fuente: la costumbre.
Sería interesante que los de la “bulla” vayan de paseo a la historia reciente de nuestra democracia. Allá encontrarán que las ideas políticas necesitan una casa para vivir, una especie de tótem, catedral, garaje, en fin, para institucionalizar sus egos, sus delirios, su narcisismo, propio de los seres humanos. Eso de vivir de arriendo tiene sus límites. Los partidos políticos fueron creados para eso.
Es muy común escuchar, en conversaciones formales o casuales, expresiones válidas donde el ejemplo es la mejor enseñanza. Por eso, la alharaca no la entiendo. Un proceso de paz dio origen al partido político UP; el corte de un cordón umbilical catapulta a Galán y su Nuevo Liberalismo se hace partido político; la división conservadora de la casa Gómez y la casa Pastrana golpea al oficialismo y Salvación Nacional, con la Nueva Fuerza Democrática, se hace partido político; la irreverencia de Uribe da vida a los partidos Cambio Radical, La U y Centro Democrático; Petro institucionalizó su lucha y le entrega a la izquierda colombiana y a la centroizquierda una coalición, un partido político llamado Pacto Histórico.
La costumbre hizo carrera; en últimas, es fuente formal del derecho.
Cuando vemos las heridas que dejó el Nuevo Liberalismo en el oficialismo; las que dejaron Cambio Radical, La U y el Centro Democrático en los partidos Conservador y Liberal; las heridas del Pacto Histórico en el Partido Verde y en la izquierda histórica de la JUCO y la UP, es apenas entendible el desorden reciente cuando aparece la noticia de que las ideas políticas que llevaron al presidente electo quieren casa propia, quieren ser un partido político. En últimas, el temor a una desbandada de sus militantes, sus electores, sus seguidores y, lo más preocupante, de sus credenciales lo deben estar viviendo quienes reconocen que algo no han hecho bien, que no han estado a la altura de los intereses y necesidades de sus seguidores y del país en general. Los que han hecho un pésimo uso del poder. No olvidemos que la competencia es una aliada.












