La doble derrota electoral en primera y segunda vuelta del candidato comunista a la presidencia, Iván Cepeda, tiene múltiples explicaciones que apuntan a que fue autoinfligida. Cepeda fue un mal candidato: sin carisma, mal trajeado, sin afeitar, al que poco o nada le importaba su apariencia personal. Está demostrado que la gente se aburre con un candidato que lee sus intervenciones, que le tiene miedo a la improvisación y al debate, y que siempre rehuyó, hasta el último día, cuando se vio perdido en los sondeos electorales.
Cepeda se equivocó de medio a medio en la escogencia de la senadora Aidée Quilcué como su compañera de fórmula vicepresidencial, hasta el punto de que en la campaña prefirieron que no aceptara debates públicos ni diera declaraciones ante los medios de comunicación para no evidenciar su falta de conocimiento y evitar que metiera la pata.
Es claro que el país no quería que Aidée llegara a la presidencia para reemplazar a Cepeda en sus faltas temporales o absolutas, como reza la Constitución Nacional; faltas eventuales que se enmarcaban dentro de un cuadro clínico de remisión reciente de un cáncer metastásico, con una probabilidad mediana de supervivencia.
La campaña falló al entregarse al triunfalismo en la primera vuelta. La derrota se explica por la demora de una semana, de las tres de diferencia con el balotaje, para rehacer la deslucida imagen de la campaña, maquillar un programa de gobierno centrado en la batalla legal contra el expresidente Uribe y la manida propuesta de asamblea nacional constituyente que Petro le puso a funcionar de forma anticipada, sin éxito.
A pesar de tener el apoyo y el peso del populismo de Estado de Petro, la contratación pública a dedo, la participación indebida en política a su favor al más alto nivel —objeto de una decena de denuncias ante la Comisión de Acusaciones de la Cámara— y el voto fusil de los narcos y bandas criminales, que explican votaciones atípicas en la periferia con más del 90 % de votos por el candidato, la campaña presidencial de Cepeda fracasó.












