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Miércoles 24 de junio de 2026 - 01:00 AM

El poder de vestir la propia identidad

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El pasado 26 de mayo, durante su regreso a Roland Garros, Naomi Osaka apareció con una capa de alta costura diseñada por Kevin Germanier. Debajo llevaba un vestido dorado de lentejuelas y detalles brillantes que inmediatamente se volvió tema de conversación en redes sociales.

Ella lo describió con una frase que resumía perfectamente la intención de la prenda: “La Torre Eiffel que brilla”. Y tenía razón. El atuendo parecía capturar la luz de París y convertirla en una declaración de identidad.

Lo que captó mi atención no fue solo la estética del traje, sino lo que representaba. En un torneo históricamente asociado con la tradición y la sobriedad, Osaka decidió presentarse con una imagen luminosa, distinta y personal. Más que un intento por llamar la atención a cualquier precio, parecía una mujer sintiéndose cómoda en su propia piel, utilizando su cultura, historia y sensibilidad para habitar el escenario deportivo de forma auténtica.

Ahí está la diferencia entre volverse viral por estrategia y hacerlo por coherencia. Osaka no necesita exagerar su personalidad para sobresalir; su trayectoria ya habla por ella: nacida en Japón, hija de madre japonesa y padre haitiano, criada en Estados Unidos y formada entre distintas culturas, ha convertido esa mezcla de raíces en una fortaleza visible. Su vestido fue simplemente otra expresión de esa identidad múltiple.

En el deporte femenino persiste la idea de que la seriedad competitiva debe ir acompañada de cierta uniformidad. Osaka desafía esa lógica y demuestra que una atleta puede ser poderosa en la cancha y, al mismo tiempo, expresarse desde la moda, la cultura y la creatividad, sin que eso reduzca su credibilidad deportiva.

Por eso, el vestido de Roland Garros me pareció más que una prenda bonita. Fue un recordatorio de que las mujeres no tienen que elegir entre pertenecer y destacar. Pueden hacer ambas cosas. Pueden llevar sus raíces consigo, convertirlas en estilo y, desde ahí, inspirar a otros a mostrarse tal como son.

Mientras algunos atletas dejan un legado de victorias, Osaka deja algo más valioso: la certeza de que el origen no limita el futuro y que la autenticidad puede ser una de las formas más poderosas de liderazgo.

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