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Columnistas
Martes 27 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Eduardo Parra Gómez

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Compendiaba las virtudes que debe tener un buen ciudadano. Honesto sin par, profesional sobresaliente, eficiente, ejemplar funcionario público, hombre cívico, alérgico a la grandilocuencia y ostentación, santandereano cordial pero “seco”, odiaba las componendas, analítico, cálido en su hogar, gran miembro de familia, buen amigo. Evoco muchos recuerdos suyos, rememoro personas y episodios, reminiscencias de montañas sangileñas, cafetales y añosa música engarzada a las tradiciones que nos legaron los mayores.

Resalto el gran aporte que Eduardo Parra hizo para que Bucaramanga pudiera llegar al siglo XXI. A mediados del siglo XX la ciudad era devorada por un terrible mal que carcomía su futuro: la erosión. Para luchar contra ella, después de muchas vueltas, en 1965 se creó la Corporación de Defensa de la Meseta de Bucaramanga y atinadamente lo nombraron como primer director de ella, entregándole una entidad que -como expresa Félix Jaimes- era solo la escritura pública de su constitución. Eduardo logró tejer una extraordinaria armazón administrativa y un aparato técnico sin par para luchar contra la erosión, organizando una fenomenal entidad que salvó “la vida” de la ciudad.

Con capacidad técnica, eficiencia y destacados profesionales, hizo obras complejas, fundamentales para controlar la erosión, como: 1) La intervención de la escarpa occidental de la meseta; 2) La protección de la reserva forestal de la quebrada de La Rosita (que permitió el futuro desarrollo de la Ciudadela Real de Minas y el viaducto de la carrera novena); 3) Modernizó y optimizó la red de alcantarillado del centro de Bucaramanga; 4) Renovó y reordenó la red de alcantarillado de la ciudad; 5) Hizo los primeros mapas y estudios de ingeniería vial y planeación territorial de la meseta de Bucaramanga. El combate que tal equipo dirigido por Eduardo Parra logró ganarle a la erosión merece la perenne gratitud de los bumangueses pues salvó a la ciudad de su desmoronamiento.

En la dirección de la CDMB lo sucedió otro gran visionario, quien complementó la obra de salvamento de Bucaramanga: Carlos Virviescas.

La tarea de Eduardo Parra y Carlos Virviescas y sus equipos de trabajo, el manejo dado al gigantesco riesgo geológico fue reconocido a nivel internacional pues salvó la sostenibilidad de la ciudad y el desarrollo urbano regional. Era otra CDMB, distinta de la que en nuestros días sufre otro grave cáncer: la politiquería y la falta de rigidez de quienes deben dar ejemplo.

Inmensa falta hacen santandereanos como Eduardo Parra y Carlos Virviescas. Su rectitud, lucidez, eficiencia y acrisolado manejo de los fondos públicos brilla desde la lejanía. Pero Eduardo, desde donde esté, sonreirá socarronamente, pues sabe que los seres humanos somos ingratos, frágiles.

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