Cuando el presidente Abelardo de la Espriella presentó a Rodrigo Lara como su ministro del Interior, escribió: “Nunca más pactos ocultos. Nunca más corrupción”. Dos meses y medio después, tras un error del Gobierno durante el trámite del Presupuesto 2027, se va Lara y llega el exprocurador Alejandro Ordóñez Maldonado.
La huella clientelista de Ordóñez es bien conocida. En 2008 fue elegido procurador con 81 votos, entre ellos el del senador Gustavo Petro, que se apartó de quienes en su bancada preferían votar en blanco. Lo justificó diciendo que Ordóñez defendería a las minorías, pero el trasfondo era otro, como documentó Daniel Coronell: Diego Bravo, cuota de Petro, terminó nombrado procurador delegado.
Ese fue el modus operandi con el que Ordóñez pavimentó su reelección: una poderosa red clientelar. La Silla Vacía contó al menos 76 amigos o familiares de magistrados y congresistas nombrados en la Procuraduría. Por esas prácticas, violatorias del artículo 126 de la Constitución, que prohíbe nombrar a los parientes de quienes intervienen en la propia elección, el Consejo de Estado anuló su reelección.
Con Ordóñez en la cartera política, De La Espriella busca alentar a sus bases más sectarias, pero, sobre todo, poner a un reconocido repartidor de mermelada como interlocutor del Congreso y los partidos, justo cuando el Gobierno se somete a un nuevo crédito con el Fondo Monetario Internacional.
Vendrán las condiciones y recetas de siempre: beneficios para los billonarios y cargas para las clases bajas y medias, con alza del ACPM, más IVA y otros impuestos indirectos. Para que el Congreso apruebe semejante paquete contra el país, el Gobierno echa mano de Ordóñez, uno de los de “siempre”.
El error que el Gobierno le cobró a Lara le permitió expedir el presupuesto de 2027 por decreto, con el texto aprobado en primer debate. Con ese resultado, Santander ya no tendrá los 580.000 millones de pesos que se le habían asignado en las plenarias, entre ellos los recursos para la variante de San Gil. ¿Aprovechará el Gobierno de De La Espriella para incumplirles a las regiones y a sus congresistas? Hay que estar alertas.
El clientelismo es otra forma de corrupción del régimen neocolonial: la nueva deuda se aprueba con votos conseguidos a punta de mermelada. Para acabar con esto es necesario cambiar el modelo económico por uno propio, que haga del ahorro nacional, y no del capital extranjero, la variable principal de la economía.
En los noventa, el santandereano José Ordóñez nos hacía reír con “Ordóñese de la risa”. Ahora, el Ordóñez que llega al gabinete tiene otro programa: ordóñese el presupuesto, repártase entre los mismos con las mismas y apruébese, a punta de mermelada, lo que el FMI ordene.












