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Sábado 17 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Bonito bonito

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Muy bonito el Parque Bolívar con esa cantidad de plantas y color. El municipio ha hecho una inversión importante en mejorar andenes y senderos y también en los jardines con 37.000 plantas de diferentes especies, césped y un sistema de riego automático, incluso, zona de aseo para mascotas. Esta propuesta se va a replicar, según se anuncia, en la Puerta del Sol, incluyendo canchas y plaza de comidas y en otros parques de la ciudad.

Los renders que se han divulgado generan ilusión y deberían despertar un sentimiento de corresponsabilidad ciudadana. Todo se ve bonito, bonito. Sentimos alegría al observar la recuperación progresiva del paisajismo urbano, y exaltamos el avance, pero no deja de preocupar el costo si se mantiene ese nivel, porque, aunque no conozco un informe que consolide la inversión total, sé que el componente de mantenimiento siempre es elevado y las acciones de control en su entorno deben ser intensas y permanentes.

Experiencias pasadas nos exigen prepararnos para enfrentar a quienes no asimilan la propuesta ordenada y pretenden aprovecharse indebidamente del esfuerzo presupuestal y técnico. El primer y mayor enemigo es la informalidad. Recuerdo cuando en el año 2000 se construyó el parque Señora de las Cigarras, que incluía una infraestructura de servicios donde operaba una reconocida heladería, cuyo compromiso con el municipio era mantener integralmente el parque, incluida la fuente con sendero guane, aseo permanente y cuidado de prados y árboles. Todo operó bien mientras se mantuvo la vigilancia y se acompañó con autoridad. Pero eso no trascendió a otros gobiernos y retiraron la vigilancia, la informalidad creció, afectando la operación, y se incrementaron los costos hasta hacerlo insostenible.

Otros espacios públicos han sido remodelados varias veces y se ha intentado que el mantenimiento esté a cargo de privados para controlar ese gasto recurrente que es altísimo, pero tampoco tenemos buenas referencias a hoy, salvo algunas excepciones como los parques Recrear, que fueron un ejemplo de servicio y calidad, pero ahora funcionan a media máquina y se denuncia deterioro y poco mantenimiento.

Si la inversión realizada terminara en un experimento fallido, sería un fracaso colectivo y no podemos desconocer que tiene un riesgo alto de sostenibilidad si no se logra blindarla con estrategias innovadoras. Mientras tanto, seguimos insistiendo en la inversión estructural. Tenemos necesidades urgentes en transporte, seguridad, servicios públicos, servicios sociales y gestión del riesgo, muchas de ellas en el entorno metropolitano. Las oportunidades y las urgencias son enormes y complejas, por lo que se requiere construir las palancas financieras y de confianza para avanzar en soluciones de infraestructura y gestión que no dan espera y dejar plasmado el desarrollo futuro de Bucaramanga en un nuevo POT que recupere la calidad urbana perdida.

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