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Domingo 04 de octubre de 2026 - 01:00 AM

La lista

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Hay historias que comienzan con un disparo; otras, con una llamada a medianoche. Esta, como muchas, comenzó con un nombre: Terry.

Hasta hace unos días, para la mayoría de los colombianos era un desconocido; para otros, era un hombre al que llevaban tiempo buscando; este viernes apareció en los titulares: señalado como cabecilla del Clan del Golfo, murió durante una operación militar en Antioquia, y mientras el país conocía su nombre, yo no podía dejar de pensar en una pregunta: ¿quién sigue?

Es indiscutible que el gobierno de Abelardo de la Espriella ha demostrado claramente que todos los criminales en Colombia tenían permiso para delinquir en el gobierno de Petro. Se sentían los reyes del momento, minimizaron tanto a la fuerza pública que ya ni siquiera la ciudadanía creía en ellos.

Hoy es diferente, la moral de la tropa es otra y los colombianos hoy creen en su fuerza pública con solo 60 días de gobierno. No podemos desconocer que detrás de cada captura, de cada extradición, de cada operación exitosa, hay algo que no vemos, y es que existe una lista de criminales y terroristas que duró archivada cuatro años y que, para bendición de los colombianos, esa lista la desarchivó Abelardo de la Espriella.

El Gobierno reporta que desde el 7 de agosto se han producido 29.206 capturas, 105 extradiciones, la incautación de 113.607 kilogramos de estupefacientes y el retiro de 3.096 armas de fuego. Son cifras oficiales que deberán ser verificadas y contrastadas, pero sería absurdo negar lo que empieza a aparecer detrás de ellas: una operación sostenida contra las estructuras criminales. Y entonces aparece, inevitablemente, la palabra que da título a esta columna. La lista. ¿Existe? No lo sé. ¿Quiénes están en ella? Tampoco. Tal vez por eso la noticia produce una sensación diferente. No es solamente la noticia de un delincuente menos, es la sensación de que alguien está buscando.

Pero imagine por un momento que existe; imagine que en algún lugar hay nombres que llevan meses siendo seguidos; imagine que algunos de quienes hoy se sienten seguros ya están siendo observados; que el teléfono que utilizan, el vehículo que conducen, la finca donde se esconden o la persona con la que se reúnen forman parte de un mapa que ellos desconocen. Ahí cambia todo.

Porque durante demasiado tiempo el ciudadano colombiano fue quien tuvo que vivir con miedo. El comerciante, el campesino, el transportador, la familia que cruzaba una carretera, el empresario que recibía una llamada extorsiva. El delincuente, en cambio, aprendió a vivir con la sensación de que el Estado lo protegía.

La seguridad no consiste solamente en aumentar capturas, consiste en recuperar algo más profundo: la certeza de que el Estado observa, escucha, investiga, persigue y, cuando corresponde, captura o da de baja.

No sabemos quién será el próximo, no sabemos cuándo, no sabemos dónde.

Pero, por primera vez en mucho tiempo, tal vez quienes durante años nos preguntamos dónde estaba el Estado, estamos empezando a hacer otra pregunta. ¿Quién sigue?

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