Bucaramanga necesita urgentemente una mirada más detallista y una acción más contundente y permanente frente a la estética urbana. El ornato y la limpieza de la ciudad están en franco deterioro.
Separadores viales, pequeñas zonas verdes, taludes y algunos parques de bolsillo están francamente abandonados, carentes de poda regular y de mantenimiento básico. La calle puede estar limpia, pero, si se observan estas áreas “enmontadas”, el paisaje se torna feo y sucio. Pocos jardines públicos tienen mantenimiento y la visual general de la ciudad carece de sentido paisajístico y de una labor permanente de corte y limpieza, que supuestamente pagamos como parte de la tarifa de aseo. Efectivamente, el CLUS, o el costo de limpieza urbana, incluye la poda de zonas verdes y árboles en espacio público, así como el lavado, que tampoco vemos con frecuencia. En mi factura son $2.712 mensuales, que pueden ser insuficientes para atender todos los puntos verdes de la ciudad, pero, si se realiza el cálculo apropiado, debería ser una de las principales actividades para recuperar ese ornato perdido.
La autopista extraña el hermoso talud que mantenía la CDMB, el separador y el bordillo limpio, los arbustos perfectos. Ayer casi no se veían los elementos de segregación del carril de Metrolínea (que no se usa) porque la maleza los cubre y, en Floridablanca, aunque podaron hace poco, parte de los residuos de poda y ramas de árboles se degradan en el retorno desde hace rato. Y ni qué decir del ingreso por Girón. Da tristeza observar un pastizal lleno de residuos y el deterioro creciente de su estabilidad mientras avanza la vivienda informal. Otrora era parte del orgullo bumangués lo que hoy solo es muestra de abandono y desidia.

Esta labor correspondería inicialmente a las empresas de aseo que recaudan la tarifa, tanto la EMAB S.A. E.S.P. como las empresas privadas que hoy ofrecen el servicio en competencia. De ser insuficiente, debe recalcularse o recibir aportes complementarios, como lo hicimos desde el Área Metropolitana cuando establecimos el programa de Parqueros, pero no podemos relativizar la importancia de este servicio, que contribuye directamente con la calidad ambiental urbana, ni normalizar lo que nos molesta y afea la ciudad. Es cuestión de priorizarlo.
También es triste observar residuos voluminosos inservibles en el espacio público, como muebles, retales o escombros. Eso no era común en el pasado reciente. Tales residuos no forman parte del servicio ordinario de aseo, por lo que entre todos debemos asumir el costo de recogerlos y tratarlos vía el presupuesto municipal. Si la limpieza del espacio público fuese motivo de interés prioritario y si aplicamos adecuadamente el CLUS, hay muchas alternativas para recuperar lo perdido. Reitero: es cuestión de priorizarlo.











