Leí esta mañana la editorial de El Espectador sobre Nueva EPS y me quedé sin palabras. No porque la crisis del sistema de salud colombiano sea una novedad, sino porque ver los números escritos produce una indignación espantosa.
Los datos son muy claros. Nueva EPS, la más grande del país, con más de once millones de afiliados, cerró 2023 con un patrimonio negativo de 7,12 billones de pesos. En 2024 ese hueco creció hasta los 11,92 billones. Los ingresos no alcanzan para cubrir el costo de prestar los servicios. La Revisoría Fiscal recibió las cifras de 2024 apenas el 6 de julio de este año, lo que significa que ni siquiera pudo verificarlas a cabalidad. Y de 2025 no hay datos todavía. Ninguno.
El editorial de El Espectador es generoso en repartir responsabilidades, y tiene razón en serlo. El problema no nació con el gobierno Petro. Nueva EPS acumuló años de malas administraciones, balances maquillados, facturación sin control y una Unidad de Pago por Capitación que nunca fue suficiente para cubrir la realidad del gasto. Petro recibió una bomba cerca de la explosión. Eso es cierto y hay que decirlo.

Pero también es cierto que su gobierno casi la explotó, por no decir que la explotó. La politizó y la convirtió en una trinchera ideológica, en lugar de un problema técnico que exigía soluciones técnicas. Nos pasamos cuatro años escuchando diagnósticos y descalificaciones, y el hueco siguió creciendo mientras once millones de colombianos seguían esperando citas, medicamentos y cirugías.
Ahora viene el gobierno de Abelardo de la Espriella con ese peso encima. Y lo que menos puede permitirse es repetir los errores del pasado: llegar con dichos rimbombantes, excluir actores, ignorar a quienes saben y convertir un problema de salud pública en un debate de ideologías.
El reto es enorme y no admite improvisación. Necesita diálogo real con los actores del sistema, decisiones técnicas sostenidas en el tiempo, transparencia en las cifras y la humildad de reconocer que este problema no se resuelve en un año ni con una sola medida. Necesita, sobre todo, un gobierno que entienda que gobernar bien la salud no es un logro político.
Once millones de colombianos están esperando. Y ya no tienen paciencia para otro fracaso. Mis palabras de apoyo y ánimo para el ministro de Salud que designen. ¡Qué chicharrón!










