Si las cosas suceden como suelen suceder, el domingo, sobre las cinco de la tarde, sabremos quién será el próximo presidente. Cualquiera que sea el resultado, se debe respetar. El Sistema Electoral ha dejado claro que funciona y que se puede confiar en él, tanto que los reclamos de un posible fraude que alcanzaron a escucharse después de la primera vuelta presidencial quedaron en nada.
Hace cuatro años, por esta misma época, en plena segunda vuelta presidencial, decíamos que esa campaña, por lo ruin, era la más baja de los últimos años. Las estrategias fueron hábilmente diseñadas para posicionar a los candidatos sin importar el cómo, y se generaron unos niveles de agresividad e intolerancia insostenibles. Nada ha cambiado.
Por lo que se ha visto, no aprendimos la lección; y, por cómo están las cosas, es mejor que nos vayamos preparando para lo que va a pasar en las próximas elecciones. Están a la vuelta de la esquina. En octubre del año entrante hay que elegir gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y miembros de las Juntas Administradoras Locales, y los posibles candidatos y sus campañas no demoran en comenzar sus movimientos.
Lo lógico es que el lunes las aguas vuelvan a su cauce natural. No va a ser fácil. Depende de cómo afronten el resultado de la votación vencedores y vencidos. Ahí les vamos a medir el talante. Además, el nivel de agresividad que se vio en esta campaña y la polarización extrema que se generó durante ella va a dejar heridas profundas, de esas que tardan en sanar; y, si lo hacen, dejan dolorosas cicatrices que se encargan de recordar el agravio.
Después del domingo no van a quedar vencedores ni vencidos. Volveremos a ser los mismos colombianos de siempre, con las mismas afugias y las mismas urgencias de siempre. El que gane, sea quien sea, será el presidente de todos y deberá gobernar para todos. No le queda de otra. Esos mismos colombianos a quienes nos corresponde aceptar el resultado y defender la institucionalidad. No nos queda de otra.
Si algo dejó en evidencia esta campaña es que ni Iván Cepeda ni Abelardo de la Espriella son los mejores candidatos. Nos toca escoger entre ellos y uno de los dos, nos guste o no, será el próximo presidente de todos los colombianos.
El domingo hay que votar. Vaya, participe, tome partido. Hágalo por el candidato que lo satisfaga, si es que lo hay; o vote en blanco, si ninguno lo representa, pero vote. Y el domingo, después de las cinco de la tarde, cuando se conozca el resultado, cualquiera que sea, respete la decisión de la mayoría. Esa es la esencia de la democracia.












