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Miércoles 08 de abril de 2026 - 01:00 AM

¿Y si esta vez sí?

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Nos hemos acostumbrado a dudar antes que a creer.

La confianza es, sin duda, uno de los pilares más importantes en las relaciones humanas: en lo laboral, en lo familiar y en lo personal. Y, sin embargo, hoy parece cada vez más difícil construirla. Y es entendible. A lo largo de la vida acumulamos experiencias que nos vuelven más precavidos, más escépticos, incluso incrédulos frente a los demás y frente a lo que puede pasar.

Hace unos días leí comentarios sobre distintos temas, incluso sobre mi columna publicada la semana pasada, y en muchos de ellos encontré más dudas que esperanza. Y lo comprendo. Vivimos en una sociedad golpeada por promesas incumplidas, por obras que no se terminan, por anuncios que nunca se materializan. Eso hace que, ante cualquier nuevo proyecto o noticia atractiva para la ciudad, lo primero que aparezca sea la duda. Y con ella, el pesimismo, la crítica y el negativismo.

Pero no es solo culpa de unos pocos. Es, en parte, responsabilidad de todos. Como sociedad, hemos aprendido a desconfiar y, al mismo tiempo, hemos dejado de construir las condiciones que hacen posible la confianza.

Por eso hoy quiero hacer una invitación: recuperar algo que parece simple, incluso insignificante, pero que transforma profundamente: la esperanza.

No una esperanza ingenua, sino una activa. La que cree que las cosas pueden pasar, pero también hace que pasen. La que confía en que hay personas comprometidas, pero también decide ser una de ellas.

Porque la confianza no solo se proclama: se construye. Se construye en lo grande, pero, sobre todo, en lo cotidiano: en cumplir la palabra, en respetar las normas, en cuidar lo público, en hacer bien las cosas incluso cuando nadie está mirando.

Se construye cuando no tiramos basura en la calle, cuando respetamos las señales de tránsito, cuando cedemos el paso, cuando elegimos a conciencia, cuando entendemos que la ciudad también es nuestra responsabilidad.

Son acciones pequeñas, sí. Pero son las que, repetidas todos los días, terminan creando un ambiente distinto. Un ambiente donde es más fácil creer, donde es más natural colaborar, donde se puede invertir y crecer.

Tal vez ese sea uno de los grandes retos que tenemos como territorio: volver a confiar. Y, más importante aún, volvernos dignos de esa confianza.

Sin embargo, muchos aquí seguimos. Cada vez somos más los que decidimos confiar en la ciudad, en su gente y en sus capacidades. Solo así lograremos impulsarla.

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