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Viernes 13 de febrero de 2026 - 01:00 AM

Bonanza exportadora como oportunidad

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El reciente desempeño exportador de Santander, con más de 464 millones de dólares y un crecimiento superior al 40%, confirma una dinámica nacional con replica en nuestro departamento. Los dos productos que explican este auge son el café y el cacao, y aunque la noticia es positiva lo importante aquí es pensar en sostenibilidad.

El 2025 registró uno de los mejores años cafeteros de las últimas décadas, el impulso respondió a factores externos. Por un lado, precios internacionales elevados por restricciones de oferta en Brasil y otros productores. Por otro, un diferencial arancelario transitorio en Estados Unidos que favoreció a Colombia frente a Brasil. En un mercado donde la competitividad se mide en centavos por libra, esa ventaja se tradujo en mayor participación.

El cacao siguió una lógica similar. África Occidental, que aporta la mayor parte de la oferta mundial, enfrentó choques climáticos y fitosanitarios que redujeron los rendimientos. La consecuencia fue un incremento extraordinario de precios y una mayor demanda de cacaos finos latinoamericanos. Países como Ecuador, Perú y Colombia ganaron espacio relativo. No por un salto interno en productividad, sino por mayor incertidumbre y costo en la oferta africana.

La inferencia es clara. La expansión actual está anclada en circunstancias externas. Si Brasil normaliza su situación arancelaria y recupera cosechas, la presión competitiva reaparecerá. Si África estabiliza su producción, los precios del cacao podrían moderarse. Por lo tanto, interpretar esta bonanza como un cambio estructural sería un error.

El desafío consiste en transformar el ciclo favorable en capacidades permanentes. Se requieren políticas de productividad rural, con foco en asistencia técnica, extensión, calidad de suelos y manejo hídrico. Es indispensable invertir en investigación aplicada para variedades resistentes al clima, trazabilidad verificable y certificaciones que reduzcan el riesgo regulatorio en los mercados de destino. La agenda de valor agregado debe priorizar cafés especiales y cacaos premium, así como eslabones de transformación agroindustrial.

La política comercial también importa. Diversificar destinos reduce vulnerabilidad. Estados Unidos seguirá siendo estratégico. Europa avanzará en estándares ambientales que exigen adaptación temprana. Asia ofrece márgenes de crecimiento, con China como frontera relevante para desarrollar la demanda de mediano plazo. La diplomacia económica debe coordinarse con promoción de calidad, infraestructura logística y financiamiento competitivo.

En el plano territorial, la articulación entre la Gobernación y el Gobierno Nacional es condición necesaria. Infraestructura secundaria, crédito oportuno, seguros agropecuarios, clústeres de acopio y procesamiento, y compras públicas bien diseñadas pueden estabilizar ingresos y mejorar escalas. La conclusión es sencilla. El café y el cacao brillan hoy por vientos favorables. El deber de política es convertir la coyuntura en productividad, y la productividad en resiliencia. De lo contrario, la próxima normalización global reducirá esta bonanza a una nota al pie en la estadística.

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