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Sábado 07 de febrero de 2026 - 01:00 AM

La debacle de Vicky

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La candidatura presidencial de Vicky Dávila nació envuelta en un ruido mediático que, en su momento, parecía suficiente para impulsarla hacia el escenario nacional. Su salida de la dirección de Semana fue interpretada como un salto interesante pues era una periodista de línea “dura”, reconocida por su estilo confrontativo, capitalizando el descontento con la izquierda y con el gobierno. Por un instante, muchos creyeron que tenía la fuerza para convertirse en la primera mujer presidenta de Colombia.

Pero la política tiene sus propias leyes, y una de ellas es que la visibilidad pública no se traduce automáticamente en viabilidad electoral. Dávila arrancó temprano, demasiado temprano, confiando más en el impacto de su nombre que en la consolidación de una estructura política real. En ese punto inicial, su figura creció con rapidez porque era un rostro familiar, posicionada mediáticamente, con una audiencia fiel. Todo parecía jugar a su favor.

Con el paso de los meses, la precandidata comenzó a evidenciar vacíos. En los debates y espacios de discusión, donde se esperaba que brillara por su trayectoria en el periodismo político, aparecieron grietas importantes. Su preparación en temas neurálgicos fue percibida como insuficiente. Frente a candidatos con mayor experiencia administrativa, conocimiento sectorial o trayectoria en el congreso, su discurso resultó limitado o superficial. La política exige profundidad, rigor y claridad, especialmente cuando se aspira a la Presidencia, y esos elementos nunca terminaron de consolidarse en su proyecto.

Al mismo tiempo, su narrativa no evolucionó hacia un programa coherente capaz de responder a las preocupaciones reales de los ciudadanos: seguridad, crecimiento económico, empleo, educación o estabilización institucional. Mientras otros candidatos avanzan con propuestas y alianzas, Dávila parecía moverse dentro de un círculo cerrado que apelaba a sus seguidores habituales, pero no lograba expandirse hacia el electorado moderado o indeciso.

La caída de su candidatura es también una lección más profunda sobre la naturaleza del momento político. En política, los tiempos son determinantes pues llegar demasiado pronto sin una propuesta sólida puede desgastar más que impulsar. La opinión pública puede sentirse atraída por un nombre fuerte, pero el entusiasmo inicial se evapora cuando no encuentra detrás un proyecto serio y consistente.

El caso de Vicky Dávila muestra los límites del “outsiderismo” cuando no está acompañado de preparación y estructura. Hoy, para muchos analistas, su candidatura ya no tiene fuerza, proyección ni capacidad de competir frente a aspirantes más sólidos aunque, en la última encuesta de la consulta, vaya de segunda. Espero equivocarme.

En todo caso, en la política contemporánea el ruido mediático poco dura y lo que permanece es la capacidad de persuadir y ofrecer una visión de país, en vez de gritar una cantidad de sandeces en cuanto debate se presenta.

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