El año 2025 fue convulso. Globalmente cayó el Estado de Derecho, se abrieron guerras y emergieron liderazgos erráticos con un espectáculo de constante amenaza. Nos salimos del eje del orden institucional. En Colombia viene un año electoral decisivo que lo comenzamos cargados de preocupaciones y miedos. Y los candidatos y líderes aprovechan eso para darnos más circo.
Estamos irascibles y crispados; ansiosos. La psicología conductual en el llamado “Protocolo Uificado” para trastornos emocionales de David H. Barlow indica que la ansiedad es una respuesta emocional surgida, precisamente, del miedo y la preocupación por la anticipación de una amenaza. Estamos como ratas acechadas por gatos.
La institucionalidad que diseñamos para protegernos, resulta ahora corrupta e incierta. Lo social dejó de ser cohesivo para ser expulsivo. La simple relación interpersonal es tortuosa para jóvenes no entrenados en el cara a cara porque quedaron atrapados en dispositivos electrónicos dirigidos por algoritmos complacientes. No están adiestrados para la frustración, ni la empatía. La ansiedad se apodera de todos y tropezamos unos con otros como en la comedia del absurdo.
Circula el cuento de un supuesto método finlandés: los padres dan a los niños un cuaderno antes de dormir para dejar anotadas ahí las preocupaciones y dejarle así al papel sus angustias. Quizás no es nórdica y ni siquiera una costumbre real, sino otra fábula de la fauna digital, siempre ávida de soluciones simplistas para problemas complejos. Los terapeutas cognitivos advertirían —con razón— que ese ejercicio solo sería útil si no se convierte en una forma facilista de evitar lo incómodo.
No nos dejemos arrastrar por frasecitas ingenuas como “aquí solo falta autoridad, hay que dar plomo” o “los ricos explotan y son el enemigo”, solo para evitar la incomodidad de pensar en serio en los problemas de Colombia, que tienen muchas más variables que esa majadería. ¿Por qué no le estamos dando juego a las ideas más elaboradas de Cárdenas, Claudia López, Fajardo, Vargas Lleras, Luna y otros? Tenemos que halar la rienda para pensar detenidamente, sacar la mirada de los ineptos sin ninguna responsabilidad pública previa exitosa que dé fundamento a sus arrebatos mesiánicos. Despreciemos conscientemente el espectáculo de los “lugares comunes” y optemos por el debate de ideas entre los que sí las tienen; esa es una eficaz forma de resistencia.
Evitemos que el alud emocional nos haga presas fáciles de hormonales discursos simplistas. Mantener la cabeza fría no es tibieza; es responsabilidad. Y hoy, pensar con mente serena no es solo una virtud privada: es una obligación cívica y política para ir más adelante tras algo menos estridente que el grito y mucho más complejo y civilizado: autocontrol y pensamiento estratégico a la hora de elegir destino colectivo.











